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Fundación de Aguascalientes

 La odisea de los primeros habitantes de la villa
 Por: Ilse Daz Márquez

Al celebrar en el mes de octubre el aniversario de la fundación de nuestra ciudad, pocas veces nos detenemos a pensar en las enormes dificultades que los primeros habitantes debieron superar para que la villa, en un principio pobre y pequeña, llegara a prosperar. He aquí una breve historia de aquellos primeros años.
 
Tras la llegada de Cortés y la caída de Tenochtitlán en 1521, la conquista llevó a muchos españoles aventureros a avanzar hacia el norte en busca de fortuna.
 

Estas tierras, además de ser más áridas que las que habían encontrado en Veracruz y en el Valle de México, estaban habitadas por indígenas que en su mayoría eran nómadas y que pronto se convirtieron en el terror de los todavía mal trazados caminos que conectaban a la Nueva España con esta otra parte del territorio, al cual se le dio el nombre de la Nueva Galicia.

La audiencia de la Nueva Galicia –institución encargada del gobierno y la administración de los nuevos territorios— se asentó en Guadalajara, al tiempo que se descubrían yacimientos de plata en el cerro de la Bufa, donde no tardarían en aparecer las minas de Zacatecas. Estas minas llegaron a ser el motor económico de la Nueva Galicia y su explotación hizo necesario abrir caminos no solamente entre Guadalajara y Zacatecas, sino también entre las minas y la ciudad de México, Querétaro y Michoacán, a donde se llevaba buena parte de la plata extraída.

Desde el principio los caminos fueron asaltados por grupos de chichimecas (que así se les llamaba a los indios de la frontera norte de la Nueva España) y debido a la constancia de los ataques, comenzó una guerra que se extendió durante toda la segunda mitad del siglo XVI. Por esta razón los españoles establecieron villas a lo largo de los caminos. Éstas eran a la vez puestos fortificados y lugares de descanso para los viajeros. De esta manera nació Santa María de los Lagos en 1563 y algunos años más tarde salieron de allí los colonos que fundarían la ciudad de Aguascalientes.

 
Estos pobladores eran gente de origen más bien humilde, que salieron de la villa de Lagos debido a los abusos de las autoridades locales y también por el deseo que tenían de obtener nuevas mercedes de tierra.
 

Hoy festejamos el día de fundación de la ciudad el 22 de octubre, pues esta es la fecha en que Jerónimo de Orozco, presidente de la audiencia de la Nueva Galicia, firmó la cédula o acta en que se permitía, por gracia del rey Felipe II, el establecimiento de una villa en dicho territorio. Sin embargo, se sabe que el sitio ya estaba poblado desde antes de la petición que el español Juan de Montoro hizo para que se le permitiera fundar allí una villa.

Algo muy curioso es que el nombre original que se le dio al nuevo poblado fue el de “Villa de la Ascensión”. Tal parece que pronto se confundió y se olvidó, ya que se hizo popular el culto a la virgen de la Asunción, sobre todo cuando en 1602 el obispo Alonso de la Mota y Escobar, de viaje por la Nueva Galicia, otorgó a la pequeña villa el rango de parroquia y la virgen se convierte en patrona del lugar.

Pero antes de que esto sucediera, los primeros habitantes de la villa tendrían que pasar por una serie de problemas y por tiempos tan malos, que por poco y el poblado desaparece y nos deja sin Aguascalientes natal. Así, a los ataques chichimecas se agregaron las epidemias y la pobreza, que hicieron estragos en la población, a tal grado que la villa quedó casi abandonada. Para 1584 solamente había dieciséis soldados, un caudillo y dos vecinos, en un sitio que más que poblado era un simple puesto militar fortificado. Ni siquiera la agricultura había progresado, pues los primero colonos, que consideraban que debían obtener fortuna de una forma más interesante que trabajando como simples campesinos, no se habían interesado en cultivar la tierra.

El final del siglo XVI y el principio del XVII, trajeron, a pesar de todo esto, mejores tiempos para la villa. En primer lugar terminó la guerra chichimeca, lo cual contribuyó a la pacificación de la región, aunque dejó como resultado un terrible exterminio de indígenas. También hay que tomar en cuenta la presencia en la villa de Aguascalientes del licenciado Gaspar de la Fuente, quien en octubre de 1609 dictó una serie de medidas destinadas a mejorar la traza urbana y la forma en que se construían los edificios públicos y privados. Además, para ese momento Aguascalientes se había transformado en cabecera de alcaldía mayor, lo que le otorgó a la villa una mayor importancia política. Así, los primeros y mayores obstáculos del joven pueblo parecían superados.

 
En 1620 era claro que la semilla hispana había sido bien plantada en el territorio, gracias a lo cual durante todo el siglo XVII la villa se desarrollaría de forma lenta pero constante: crecerían las huertas, se construirían las primeras iglesias, aumentaría la población y se activarían la agricultura y el comercio.
 
Como punto intermedio en el camino de Zacatecas a Guadalajara, la villa de Aguascalientes jugó un importante papel en la vida económica de la Nueva Galicia durante toda la época colonial. Hoy, todos los hidrocálidos estamos ligados de alguna manera a esos primeros años de historia y a esos primeros pobladores españoles, indígenas, mulatos y mestizos, que se atrevieron a adentrarse en tierras despobladas y fundar, con algo de espíritu aventurero y otro tanto de deseo de riqueza, una pequeña villa cerca de unos manantiales de agua caliente.
 
Fuente:
GÓMEZ SERRANO, Jesús. La guerra chichimeca, la fundación de Aguascalientes y el exterminio de la población aborigen (1584-1620). Un ensayo de reinterpretación. Jalisco, Colegio de Jalisco y Ayuntamiento de Aguascalientes, 2001, 129 pp.

 

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