EL PASO DEL CURA MIGUEL HIDALGO POR AGUASCALIENTES
SEGÚN JOSÉ T. VELAS SALAS

Palabras introductorias
Francisco Delgado
Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes

La presencia del cura Miguel Hidalgo en Aguascalientes, después de la derrota definitiva de las fuerzas insurgentes en la batalla de Puente de Calderón, es uno de los episodios de la Guerra de Independencia más recordados por la historia local. El hecho fue mencionado por Agustín R. González en su libro Historia de Aguascalientes, publicado en 1881, así como por Jesús Bernal Sánchez en su obra Breves apuntes históricos, geográficos y estadísticos del estado de Aguascalientes, que salió a la luz en 1928. Sin embargo, fue el profesor José Trinidad Vela Salas quien se ocupó de investigar a fondo los detalles del paso y la estancia de Miguel Hidalgo en Aguascalientes.

El profesor Vela Salas nació en Aguascalientes el 24 de mayo de 1891 y cursó estudios en la Escuela Nacional de Maestros y en la Normal Superior. Tuvo una larga trayectoria como maestro y funcionario público y a lo largo de su vida mostró un gran interés por la historia de su estado natal, lo que reflejó en la publicación de obras como El Museo de la Insurgencia e Historias sueltas.

El texto que se reproduce a continuación es uno de los resultados del interés del maestro Vela Salas por la historia de Aguascalientes y forma parte de un artículo titulado “Hidalgo y su itinerario por Aguascalientes”, publicado originalmente en 1954, en el tercer número de la Revista de la Asociación Cultural Aguascalentense. En el preámbulo de su narración, Vela sostiene que los datos que proporciona están basados “más que en la leyenda, en documentos glosados en los textos históricos, geográficos, políticos y económicos que consulté en la obras de esta índole”.

Utilizando en esta información, Vela Salas describe detalladamente el itinerario que siguieron las tropas insurgentes al internarse en Aguascalientes cuando se dirigían hacia el norte de la Nueva España. No obstante, el autor no duda en echar mano de la imaginación para describir vívidamente el momento exacto en el que Hidalgo fue despojado del mando del ejército rebelde durante la junta de guerra celebrada por los principales jefes insurgentes en la hacienda de San Blas de Pabellón.

Curiosamente, no hay consenso entre los principales historiadores de la Guerra de Independencia respecto a si realmente se llevó a cabo una junta de guerra para retirarle el mando del ejército insurgente a Hidalgo. No obstante, de alguna manera el suceso quedó grabado en la memoria colectiva local e incluso fue plasmado por el artista Alfredo Zermeño, quien en 1964 –e influido por el texto que se reproduce a continuación— realizó una pintura mural que se conserva en el actual Museo de la Insurgencia, ubicado precisamente en el caso de la ex hacienda de San Blas.

HIDALGO Y SU ITINERARIO POR AGUASCALIENTES

José T. Vela Salas

Por largo y penoso camino sobre la sierra, el Padre de la Patria llega al pueblo de Cuquío acompañado de muchos excombatientes. Cansados y tristes después de una caminata larga y forzada, descansan un poco. No pueden conciliar el sueño por temor de ser sorprendidos y, a temprana hora emprenden nuevamente la marcha con dirección Apozol, por el cañón que formaban las sierras de Nochistlán y Juchipila. Muchos abandonan a Hidalgo por la fatiga, pero otros lo siguen y lo custodian. El Cura Calvillo guía la caravana por los caminos que conoce a la perfección. Cambian de cabalgaduras y continúan el viaje.

Llegan a Jalpa temerosos de encontrar a los enemigos de la causa. Nuevamente cambian animales y prosiguen el viaje... Pasan muy cerca de San Pedro Apóstol, luego por Teocaltichillo, continúan por la Mesa de San Jacinto y pasan por la ranchería de Tecongo, luego por la presa de los Serna, bajan por la Cuesta de la Mora, sobre la montaña. Al frente está el Cerro Blanco. Unas luces allá a lo lejos se dejan ver… es que van entrando al fértil Valle de Huejúcar. Nos encontramos en Barranca de Ánimas... Por una callejuela larga, muy larga…entran los fatigados caminantes. Estamos en Huejucar. Hoy Calvillo...

Son las 11 de la noche. El silencio se interrumpe por el ruido que producen las pisadas de las bestias. El pueblo despierta y no alcanza a saber si son los revolucionarios o las fuerzas del Virrey. Los caminantes preguntan por la casa del cura del pueblo y allá va la caravana... Fuertes toques despiertan al Párroco D. José Vicente Cámara que desde 1804 servía al curato. Despiertan los ministros de Benito D. Medina y de José Rafael Ixuxsun. Identificados que fueron los viajeros y a fin de no verse comprometidos más tarde, hospedan al señor Hidalgo, a su hermano D. Mariano, al Padre Calvillo en casa de C. José Dionisio Velasco. Agustín Marroquín Vicente Loya Muñiz y Simón de Lara se encargaron de vigilar la casa mientras los viajeros descansaban de la larga fatiga de más de 40 leguas. D. Antonio Torres, D. Roque Abarca, D. Carlos Zepeda, D. Francisco Lagorreta y D. Pedro Taboada, se hospedan en casa de D. Francisco López de Nava.
A las 6 de la mañana oficia el Padre de la Patria y eleva a Dios sus oraciones implorando socorro. En el pueblo todo es movimiento a temprana hora. Los mozos preparan nuevas cabalgaduras para continuar el viaje.

Desde el año de 1799 D. Simón de Lara originario del pueblo de San José de Gracia, había abandonado el lugar en busca de aventuras y desde esa fecha se encontraba al servicio del Padre Hidalgo como hortelano. Más tarde fue su asistente que lo guía y lo cuida. Posiblemente Simón de Lara influyó en el ánimo del Cura Hidalgo para que éste tomara la determinación de dirigir sus pasos hacia el pueblo de San José de Gracia.

Cuando terminaron las misas, los animales estaban listos para emprender nuevamente la marcha y así se hizo luego, pasando por San Nicolás, Tepezalilla, El Puente. Suben luego por el cerro Prieto, tocan después Cebolletas, pasando por la ranchería del “Maguey”, luego por la Mesa de los Pozos, por Montoro, Santa Rosa, Potrero de los López, Mesa de Cebolletas, el Reventón, por la Presa del Alto, para llegar a San José de Gracia, pasando por el puente que en aquel tiempo estaba en construcción. 14 leguas habían recorrido...

En los antiguos archivos que existían en la parroquia del pueblo, encontré el siguiente documento que por su originalidad me permito transcribir.. “EL DÍA 19 DE ENERO DE 1811 A LAS 8 DE LA NOCHE LLEGÓ A ESTE PUEBLO EL SR. CURA D. MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA, DERROTADO EN EL PUENTE DE CALDERÓN EL DÍA 17 ANTERIOR, Y ESTA VISITA FUNESTA Y COMPROMETIDA  LA RECIBIO EN LA CASA CURAL EL SR. CURA D. PEDRO CERVANTES, SALIENDO DE ESTE EL SR. HIDALGO, A LAS 5 DE LA MAÑANA DEL DÌA 24 DEL MISMO PARA LA HDA. DE
PABELLÓN”.

El Cura Cervantes murió el 27 de agosto de 1814 de edad muy avanzada y su cuerpo fue sepultado en el presbiterio del lado del Evangelio.
¿Qué motivos tuvo Hidalgo para permanecer en el pueblo de San
José de Gracia por mucho tiempo? Primero: por la seguridad que le ofrecían los familiares de su asistente D. Simón de Lara y con ellos los habitantes del pueblo. Segundo: Por la seguridad que le ofrecía el terreno en las barrancas de la Sierra de Pabellón. Tercero: Por la necesidad de esperar algunas noticias de los Jefes que como él habían huido por distintos puntos en la batalla de Calderón y que forzosamente, estarían en algún lugar a la altura de Aguascalientes.
Hidalgo envía secretamente a sus más allegados hombres de confianza para que investiguen la presencia de sus compañeros de lucha.

Dejemos a Hidalgo en San José de Gracia para trasladarnos a donde están los demás caudillos. Después de la derrota de Calderón. Allende y los suyos llegan a Aguascalientes protegidos por las fuerzas de D. Rafael Iriarte. La agitación y el descontento que produjo la derrota de Calderón es indescriptible.
Tildan a Hidalgo de ser el principal causante de esta derrota y están dispuestos a despojarlo del mando supremo de las fuerzas por las derrotas sufridas no solo en Calderón sino en Guanajuato, Las Cruces, Aculco, etc.
Otros, considerando imposible que el Padre de la Patria aceptara tal humillación, piensan en envenenarlo. Se opinó por lo primero y una vez que localizaron el lugar donde se encontraba, concertaron reunirse en la Hacienda de Pabellón el jueves 24 de enero a temprana hora...

Gran expectación se observa en la sala mayor de la Casa Grande. Allí vemos a los principales Jefes de la insurrección. Allí están Hidalgo, Allende, Abasolo, Aldama, Rayón, Mariano Hidalgo, Manuel Luévano de San José de Gracia, Iriarte, Suárez, etc. etc. Grandes contingentes de gente armada esperan en la plaza de la hacienda. La puerta de entrada de la casa es vigilada y asegurada por elementos de los dos bandos. Hay impaciencia por conocer el desarrollo de los acontecimientos, porque muchos ya se han dado cuenta de la división existente entre los Jefes.

Una vez instalados los Caudillos, Allende, con voz de trueno y vivamente indignado se dirige a Hidalgo para reprocharle los errores cometidos: por haber impuesto su voluntad al no aceptar la evacuación de Guadalajara; por haber permitido la participación de gente indisciplinada en los combates; por creer que los triunfos se  obtienen por el número crecido de gentes que participen en las luchas, etc...

Todos los presentes hablaron con la seriedad la sinceridad y franqueza que en aquellos momentos estaban poseídos. Hidalgo reconocía sus errores... una sola expresión favorable en su propia defensa, habría acabado con la vida del Venerable Anciano de Dolores.

Contestando el primer punto del interrogatorio del juicio que se siguió al padre Hidalgo en Chihuahua, éste contestó a sus jueces que lo juzgaban en la siguiente forma: “Fui alcanzado en la hacienda de Pabellón por don Ignacio Allende y en dicha Hacienda fui amenazado por el mismo Allende y algunos otros de su facción, entre ellos el llamado Teniente General Arias, Casas, Arroyo y otros de que se me quitaría la vida si no renunciaba al mando en Allende, lo que tuve que hacer verbalmente y sin ninguna otra formalidad, desde cuya fecha seguí incorporado al ejercito sin ningún carácter, intervención y manejo, observando siempre por la facción contraria y aún he llegado a entender que se tenía dada orden de que se me matase si me separaba del ejercito, lo mismo que contra Abasolo y el mismo
General Iriarte”.

Aquella sesión tormentosa había terminado...Negros nubarrones cubrían las conciencias de los destacados combatientes. En la plaza de la Hacienda se formaban grupos que discutían y comentaban. El Padre Hidalgo, con la cabeza baja por las penas sufridas, atraviesa la plaza y grupo de gente del pueblo se acerca para contemplarlo y conocerlo. Ligeras conversaciones entabla con los vecinos como padre amoroso. Su conversación amena y franca, conquista el aprecio de quienes lo tratan y conversan con él. Los mozos de los Jefes dan de comer y beber a las bestias, preparando lo necesario para emprender una nueva marcha hacia el norte; pero hacia lo desconocido. El Destino tendría que jugar con la vida de los inmortales héroes de nuestra Independencia...

Esa tarde principian a salir pequeños contingentes que habrán de conocer el camino...y, a temprana hora del día siguiente, sale el resto de las fuerzas, teniendo como guía a D. José Antonio Torres, originario de San Pedro Piedra Gorda. Los viajeros tocan Arámbula, el Ojo de Agua, llegando luego al pueblo de Rincón de Romos. Para terminar por Escaleras y subiendo luego al cerro hasta las Rosas, Laguna de Piedra, Chiquihuitillo, para entrar al estado de Zacatecas por Tierra Colorada hasta pasar por San Pedro...

Hasta allí nos es dado acompañar a los sufridos combatientes que ofrendaron sus vidas por darnos Independencia y Libertad.

Reproducido originalmente en la Revista de la Asociación Cultural Aguascalentense, número 3, 1954, pp. 42-45.

   

Nace el 26 de febrero de 1812, en un rancho llamado “El Palomito” de la jurisdicción de Encarnación de Díaz Jalisco, y muere el 5 de abril de 1864.

Hijo de Don José Francisco Chávez y Doña Victoria Alonso, fue traído por su familia a la ciudad de Aguascalientes en el año de 1818. Cuando solo tenía 6 años inicio sus estudios primarios y ante la falta absoluta de centros de enseñanza superior, decidió, al igual que su hermano Ignacio, aprender el oficio de carpintero.

A lo largo de su vida, impulsó las actividades artesanales en Aguascalientes, instalando él mismo un importante taller de carrocería denominado “El Esfuerzo”, ubicado en el número 15 de la calle del Obrador. En dicho establecimiento, además de construir coches y carretas, se reparaban carruajes y se fabricaban bombas hidráulicas, cañerías, fuentes y tinas de baño. Tenía incorporada, además, un imprenta y un taller de fotografía, que fue el primero que hubo en Aguascalientes.

A lo largo de su trayectoria pública, José María Chávez se distinguió por dirigir varios periódicos locales, de entre los cuales destacan El Águila (1836), El Noticioso (1848), La Imitación (1850), El Artesano (1854) y El Progresista (1858), entre otros.

Tuvo también una dilatada carrera política, militando siempre del lado del bando liberal y combatiendo no sólo a los políticos conservadores, sino también al ejército francés y a bandidos como Juan Chávez. Fue diputado en el congreso local que promulgó la constitución estatal de 1857 y se desempeñó como gobernador interino en 1859 y constitucional entre 1862 y 1864.

En su carácter de gobernador constitucional, organizó el Escuadrón de Lanceros de Aguascalientes para combatir a los invasores franceses. En la Hacienda de Malpaso, los Lanceros se enfrentaron con las tropas francesas. De ahí se dirigieron a Jerez, en donde fueron derrotados y José María Chávez hecho prisionero. Herido gravemente fue trasladado a la ciudad de Zacatecas. Allí se le formó un Consejo de Guerra y fue sentenciado a muerte.

A pesar de las numerosas peticiones, tanto de aguascalentenses como de zacatecanos, de perdonarle la vida, todo resulto en vano. Don José María Chávez fue fusilado el 5 de abril de 1864 en la Hacienda de Malpaso, Zacatecas, habiendo llegado el indulto cuando el crimen se había consumado.

Sus restos fueron llevados a Aguascalientes el 1º. de octubre de 1865 y más tarde colocados con respeto, admiración y cariño en la columna de la Plaza de la Patria, en la ciudad que tanto amó y la que con la misma intensidad lo respeta y lo venera como perenne ejemplo de patriótico amor a México, a Aguascalientes y a la Patria.

Para saber más sobre la vida de José María Chávez, se puede consultar en la biblioteca del Archivo Histórico del Estado el libro Don José María Chávez Alonzo. Semblanzas, iconografía y documentos , selección y notas de Agustín Velásquez Chávez, Cultura, México, 1983.

   

El hidrocálido que pudo ser el padre de la patria.

Juan Carlos Esparza R.

Aguascalientes, México.

Francisco Primo de Verdad y Ramos nació el 9 de junio de 1760 en la hacienda de la Purísima Concepción en Ciénega de Mata, perteneciente actualmente al estado de Jalisco, pero que por entonces estuvo adscrita a la jurisdicción de Aguascalientes. Su familia, preocupada por su formación intelectual, envió al joven Francisco a la ciudad de México para cursar sus estudios en el Real Colegio de San Ildefonso. Desde temprana edad, Verdad padeció la discriminación de los criollos por las restricciones que se dieron en todos los aspectos de la vida novohispana por las reformas administrativas ordenadas por el rey de España, Carlos III. Estas reformas restauraron la gloria de la Península como potencia mundial, pero sus reinos americanos fueron explotados sin medida para lograr la ambiciosa meta. De fuera venían los hombres a regular los destinos del país: el gachupín, se decía,  “viene a gobernar unos pueblos que no conoce, a manejar unos derechos que no ha estudiado, a imponerse en unas costumbres que no ha sabido, a tratar unas gentes que nunca ha visto”.[3] Con el deseo íntimo de cambiar las cosas en su propia patria, Verdad se esforzó por recibió en leyes y pronto se vinculó con los principales personajes del Ayuntamiento de la ciudad de México, del que llegaría a ocupar el cargo de síndico, uno de los más importantes del organismo. A finales del siglo XVIII, las noticias sobre la independencia de las trece colonias británicas y el triunfo de la Revolución Francesa formaban parte de las conversaciones cotidianas de los americanos; Verdad, cuya formación ilustrada le permitía tener acceso a buena parte de la literatura política del momento, seguramente vio con especial interés los acontecimientos de su mundo. En materia de leyes, aunque las ideas surgidas de las revoluciones burguesas fueron abrazadas con fervor en el siglo XIX cuando la independencia era ya un hecho, a finales del XVIII, lo que se deseaba hacer valer eran las leyes propias; existía una tradición jurídica ancestral heredada desde los tiempos de la España medieval por los reyes visigodos y las Partidas de Alfonso X en el siglo XII; esta legislación se complementaba con las Leyes de Indias; un código establecido al tiempo entre el rey Carlos I y los conquistadores, que establecía las bases de la soberanía de los reinos americanos; así pues, la tradición jurídica, aunque respetable, “era una tradición enterrada, y aunque todavía viva, mal conocida; una tradición, además, que era el embrión apenas de un verdadero pensamiento político”.[4]

El licenciado Verdad fue uno de los mejores jurisconsultos de la Nueva España y defendió en todo momento las verdaderas leyes del reino. Hacia 1808 la situación que privaba en Europa y la América española era cada vez más tensa; Napoleón Bonaparte se había hecho coronar como emperador de los franceses en 1804 y desde entonces su nombre fue el terror de las monarquías europeas. Su poderío sólo encontró un rival: Inglaterra, y para neutralizar su influencia, ordenó un bloqueo continental; únicamente Portugal se opuso y por ello Napoleón decidió someter aquel país. En España, el verdadero poder lo ejercía Manuel Godoy, “Príncipe de la Paz, ministro universal, dueño de la voluntad del rey y de los muy discutibles encantos de la reina María Luisa”,[5] quien pactó con el emperador de los franceses la entrada de 24 000 soldados para invadir Portugal por tierra. La autoridad de la familia real española se vino abajo por las desavenencias entre el rey y el príncipe heredero Fernando, y Napoleón decidió que era el momento perfecto para apoderarse de España, “sólo que el pueblo español, harto de Godoy y de los franceses, se amotinó en Aranjuez el 13 de marzo de 1808, y don Carlos, incapaz de honrar su corona, la abdicó en su presunto hijo don Fernando, Príncipe de Asturias y retrasado mental como su probable padre”.[6] Napoleón apresó a la familia real en Bayona y en esa ciudad forzó la abdicación de Fernando VII a favor de su hermano José Bonaparte. La guerra de independencia se desató en España, pero debido al vacío de poder, las provincias establecieron sus juntas para lograr un gobierno provisional de resistencia, aunque en la práctica, la representación nacional era inexistente. Finalmente se logró el consenso para la formación de la Junta Central Gubernativa que sería la depositaria del poder auténtico del reino durante la ausencia del rey.

En junio de 1808 llegaron a México las noticias procedentes de España sobre el motín de Aranjuez y las abdicaciones de Bayona. El virrey José de Iturrigaray, alarmado por los hechos, convocó el 15 de julio a Real Acuerdo en el que se dispuso desconocer las órdenes de los lugartenientes de Napoleón, defender el reino y mantener la serenidad de la población. El 19, el Ayuntamiento, integrado por notables criollos de amplia formación jurídica y demostrados sentimientos nacionalistas como Jacobo de Villaurrutia, Juan Francisco de Azárate y el ilustre licenciado Verdad fijaron unánimemente su postura en contra de la abdicación y enajenación de los reinos españoles a José Bonaparte.

Por la situación de la península, autonomía de la Nueva España ya se veía como una realidad alcanzable conforme a las leyes establecidas, pues los criollos rescataron la antigua legislación española en la que se hacía constar que en ausencia de la cabeza del estado, la soberanía regresaría al pueblo a través de las Cortes; esta ley sería aprovechada para deslindarse de la tutela española por la vía legal.

   

Destacado historiador y recopilador documental. Nació en la ciudad de Aguascalientes el 6 de agosto de 1827. Estudió jurisprudencia en el Colegio de Zacatecas, aunque no concluyó la carrera de abogado.
Desde 1850 comenzó a coleccionar toda clase de documentos relacionados con la historia de la Guerra de Independencia, tarea que le llevó casi 30 años de su vida. Esta actividad, que realizó sin ayuda de ningún tipo, desembocó en la publicación de 31 volúmenes que formaron la llamada Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México, 1808-1821.

Esta Colección ha probado ser de importancia fundamental para todos los historiadores interesados en estudiar la lucha iniciada por el cura Hidalgo en 1810, pues reproduce  una gran cantidad de documentos esenciales para conocer las características y evolución del movimiento independentista.
Por esta razón, la aportación y el trabajo de Juan E. Hernández Dávalos nos permite ahora conocer información que sin su paciencia y conocimiento de la historia, seguramente se hubieran perdido.

Fuente: Antología Mascarón. Cincuenta números, Aguascalientes, Gobierno del Estado, 2004, pp.