(1848? 1850-1925)

Nació en Aguascalientes, Ags., el 7 de junio de 1850. Fue escritora, periodista y combatiente durante la Revolución Mexicana. Emigró a la ciudad de San Luis Potosí donde colaboró en las publicaciones La Esmeralda y La Sombra de Zaragoza. En 1902 fue directora de La Revista Potosina. Militó en el Partido Liberal Mexicano. Escribió en El Diario del Hogar, dirigido por Filomeno Mata.
En 1907 perteneció al grupo Socialismo Mexicano. Se unió al maderismo en 1910, año en que fundó el Club Femenil Antirreelecionista Hijas de Cuauhtémoc.
En Marzo de 1911 reunió a personajes de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Puebla y Campeche en una manifestación proclamando a Madero como presidente.
Participó en la redacción del Plan Político y Social proclamado en Tacubaya, Distrito Federal el 31 de octubre de 1911, en el cual se exigía la devolución de tierras a los campesinos y un aumento salarial, entre otros puntos, lo que motivó su encarcelamiento por parte del gobierno de Francisco León de la Barra. Fue liberada luego de una huelga de hambre.
Se incorporó a las fuerzas zapatistas y elaboró el prólogo del Plan de Ayala. Por orden de Zapata fue designada General Brigadier. En 1913 dirigió el periódico La voz de Juárez. Perteneció a la asociación denominada Socialistas mexicanos, cuyo órgano de difusión era el periódico Anáhuac.
Al término de la lucha armada desempeñó cargos en la Secretaría de Educación Pública. También publicó algunas de sus poesías Rayo de Luz. Dolores Jiménez y Muro murió el 15 de octubre de 1925, en la Ciudad de México.
Fuente: Aurora Tovar Ramírez, Mil quinientas mujeres en nuestra conciencia colectiva, Catálogo biográfico de mujeres en México, México, DEMAC, 1996, pp.335.
nother female colonel was Juana Gutierrez de Mendoza. A number of women revolutionaries who fought disguised as men gained the rank of colonels: Carmen Robles, Carmen Amelia Flores, and Limbania Fernandez.

La soledad y el fuego de Dolores Jiménez y Muro

-- Periodista, fundadora de grupos políticos de obreros y de mujeres, de diarios y revistas, estratega y dirigente de protestas públicas
-- Su talento, autonomía y energía revolucionaria, constituyen un hito en la historia de las mujeres mexicanas

Oresta López (1) / Varinia Hernández (2)

Entre el olvido y la memoria, el nombre de Dolores Jiménez y Muro aparece como signo de autonomía femenina y rebeldía revolucionaria por un hecho registrado en la historia: fue ella quien reunió ideas y les dio forma precisa hasta conformar el Plan político y social de Tacubaya y, posteriormente, el prólogo del Plan de Ayala.
A partir de este documento, escrito con la caligrafía cuidada de "la culta y abnegada escritora revolucionaria" -como la calificará Gildardo Magaña en su libro-, se constata su colaboración intelectual y organizativa al lado de los grupos conspiradores que actuaban con Camilo Arriaga.

El Plan de Tacubaya refleja un profundo manejo de las leyes y derechos liberales y desconoce al gobierno de Porfirio Díaz: "... por las omisiones, fraudes y presiones que tuvieron lugar en las elecciones", como franca protesta por la represión y la suspensión de garantías. Reconoce como Presidente Provisional y Jefe Supremo de la Revolución a Francisco I. Madero. Exige el restablecimiento de la libertad de imprenta; la reorganización de las municipalidades suprimidas; la protección a la raza indígena procurando su dignificación y su prosperidad; el aumento de los jornales a los trabajadores de ambos sexos y la disminución de las jornadas de trabajo a ocho horas; la disminución de los alquileres de vivienda y la construcción de casas higiénicas para los trabajadores; la obligación de los grandes propietarios de tierras de dar la que no usan a quienes la pueden trabajar y la abolición de todos los monopolios. Proclama como ley suprema a la Constitución de 1857 en lo que se refiere al voto libre y no reelección y cierra con la consigna "¡abajo la Dictadura!" (firmado en la sierra de Guerrero en marzo de 1911).

¿Cómo fue que una mujer obtuviera el respeto y la confianza para encomendarle por unanimidad tal tarea, siendo que entre el grupo se encontraban gentes como Camilo Arriaga, Carlos y Francisco J. Mújica, Melchor, Rodolfo y Gildardo Magaña, José Vasconcelos, José Rodríguez Cabo y Juana Belén Gutiérrez, entre tantos otros? No todas las mujeres podían realizar tareas que implicaran la escritura y el análisis político. La esposa de Camilo Arriaga por ejemplo, confeccionaba los distintivos para el día de la sublevación y la cuñada de éste, tecleaba a máquina diversas proclamas.
Las mujeres como Dolores Jiménez y Muro, Juana Belén y Elisa Acuña, eran periodistas, fundadoras de grupos políticos de obreros y de mujeres, fundadoras de diarios y revistas, estrategas y dirigentes de protestas públicas, aunque también prisioneras políticas, intelectuales en el exilio o bien organizadoras de diversas actividades en el clandestinaje. Eran unas profesionales de la lucha revolucionaria, capaces de discutir sus propuestas con sus compañeros de lucha o, como lo hizo Dolores desde la prisión, debatir con los enemigos de más alto rango como Aureliano Blanquet.

Su participación en el Plan de Tacubaya y sus cartas desde la prisión son evidencias que redimensionan su biografía y la de otras tantas mujeres que participaron como dirigentes en la lucha revolucionaria. Pero la sorpresa no acaba allí sino se hace más compleja al saber que contaba con más de sesenta años de edad cuando se develó públicamente su participación al lado del grupo de intelectuales precursores de la Revolución. Con ello, no se podrá decir que su ímpetu juvenil la llevaba a la revolución, como a muchos hombres y mujeres veinteañeros de la generación que luchó contra la dictadura de Díaz.
¿Cómo llega entonces una señorita sexagenaria a dedicar su vida a la lucha y convertirse en una enérgica revolucionaria?
Mujer de varias épocas, Dolores fue antes que nada una sólida liberal republicana, testigo de la dictadura porfiriana desde sus inicios hasta su caída y partícipe del surgimiento de la revolución. Desde niña fue formada en los ideales republicanos del liberalismo juarista, como hija de un alto funcionario del gobierno en San Luis Potosí, viviendo de cerca las intervenciones extranjeras, la guerra, la anarquía, con la esperanza de vivir en un mundo más tranquilo y el deseo de tener una Patria respetable, como lo señalaba en sus poemas cívicos de juventud.
Dolores fue interlocutora de varias generaciones de luchadores sociales: viejos liberales como don Benigno Arriaga, los jóvenes intelectuales positivistas como su cuñado Manuel José Othón, (que apenas incursionaba en su carrera literaria) y de los precursores de la revolución como el ingeniero Camilo Arriaga y Antonio Díaz Soto y Gama, de quienes fue cercana y respetada colaboradora. También creció en valor al lado de una generación de mujeres precursoras como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Aurora Martínez viuda de Garza, Elisa Acuña Rosseti y otras. Todas cuando menos 30 años más jóvenes que ella.

Dolores vivió su juventud en el ambiente liberal e intelectual de San Luis Potosí, entre tertulias literarias y la vida en sociedad. Como muchas jóvenes de clase media y alta de la capital potosina, leía y estudiaba en casa, bajo las sugerencias de los padres y amigos de la familia. Su talento para la escritura ya era reconocido desde 1874, cuando fue invitada por el gobierno estatal, al lado de Benigno Arriaga, a participar con poemas cívicos en las fiestas septembrinas.
Entonces, ser liberal -cuando menos en teoría- era sinónimo de ser generoso, dedicado a las humanidades y dispuesto a no dar demasiada atención a los bienes materiales. Los liberales estimulaban las artes, los idiomas, la lectura y la creatividad literaria entre los jóvenes; incluso entre las mujeres la escritura era una de las habilidades bien vistas como parte del ornato y la sociabilidad ilustrada. Fue en este ambiente en el que Dolores vivió su adolescencia, aprendió a escribir en verso y prosa y a descubrir su talento literario. Una fotografía de estos años la muestra como niña ingenua, con peinados y vestidos complicados.
Es durante el porfiriato, en 1883, cuando ella queda huérfana de padre y madre y su participación en acciones filantrópicas le ayuda a tomar conciencia de la condición de los trabajadores, de su miseria y explotación. En notas posteriores hechas desde la cárcel se asume como testigo de la pobreza rural y urbana de muchos mexicanos, justifica su descontento, "me consta" dice: "Desde entonces comprendí que la revolución actual no estaba lejos, porque ideas germinaban por todas partes. Poco después vine a México, donde vi que millares de ciudadanos iban a inscribirse en los clubs políticos, de donde debería surgir la revolución, como fue".

Cultivó la continuidad de su condición de intelectual al lado de las nuevas generaciones, manteniendo relaciones de amistad y solidaridad con los crecientes círculos liberales potosinos, especialmente al lado de Camilo Arriaga, hijo de Benigno a quien ella conoció. Los Arriaga promovían la lectura y la discusión de nuevas ideas desde su enorme biblioteca, con la que Dolores seguramente también fue favorecida.
Las familias liberales, sin dejar de ser patriarcales, permitían a las mujeres una mayor libertad para leer la prensa, novelas, libros de historia y de viajes. No veían con malos ojos que las mujeres obtuvieran enseñanzas modernas y hasta que pudieran dedicarse a oficios como el de escritoras o profesoras. La existencia de grupos de masonas en San Luis Potosí, así como una de las primeras escuelas normales y la escuela de artes y oficios para mujeres, constatan las oportunidades de participación social a las que pudieron acceder las jóvenes de clase media en esta región.
El 11 de septiembre de 1910, Dolores Jiménez, como presidenta del Club Femenil Hijas de Cuauhtémoc, encabezó una protesta en la ciudad de México en la glorieta de Colón contra el fraude en las elecciones, con la consigna "es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar". En el grupo estaban Mercedes A. de Arvide y Julia Nava Ruisánchez. La protesta antirreleccionista la llevó a la cárcel de Belén. Las pocas noticias de su condición de presa política nos muestran el carácter y la firmeza de principios revolucionarios y la conciencia de sus derechos ciudadanos, pues no dejaba de pedir la liberación de las otras aprehendidas, mientras que ella -según relata Aurora Martínez- era sometida a un régimen especial: no le permitían comunicarse con nadie, ni siquiera con sus defensores, a pesar de estar enferma.
Poco después Dolores, por invitación expresa del general Emiliano Zapata, se une a las filas del zapatismo donde realiza tareas de profesora, escritora y oradora. Pese a su avanzada edad, acompañaba a diversos lados al ejército suriano.
En 1914 estuvo recluida nuevamente durante 11 meses por órdenes de Victoriano Huerta. Para ella había un trato más duro que el que se daba a otras revolucionarias más jóvenes, ella era la más vieja y sus habilidades como escritora e intelectual al servicio de la revolución, primero con los clubes liberales, posteriormente con Madero y después con Zapata, eran ampliamente conocidas.
En una época en que carecer del apoyo de un varón era visto como una desgracia, Dolores asume su soltería y soledad con valor y dignidad, como una condición que le permite formarse una conciencia clara de su autonomía y de sus decisiones políticas. En la carta que escribió a Blanquet, en 1914, desde la cárcel, dice: "...huérfana de padre y madre desde muy joven; viviendo siempre de mi trabajo, y, desde hace tiempo también, sola en el mundo, no existe otra influencia para mí que la de mi criterio y la de mi conciencia, no aspirando a nada material ni arrendrándome nada tampoco, si no es obrar torcidamente, lo cual está en mi mano evitar." Sin más pretensiones que ser fiel a la causa del pueblo y a sí misma, aislada en la cárcel, amenazada por Huerta, no cesa de señalar su horror por tanta sangre derramada, su deseo de encontrar justicia en alguna parte, el restablecimiento de la paz, la pacificación del país y el bien de todos.
Sobre los amores de Dolores nada se conoce. Hay la esperanza de encontrar algún día escritos suyos donde hable de sus amores y sus tristezas, pero no será fácil, porque también llevó años de vida clandestina, sin poder tener el lujo de escribirlo todo.

En sus últimos años continuó con tareas periodísticas en el Anahuac y en el Correo de las Señoras. Se sabe también de su colaboración en las Misiones Culturales. En 1925 se apaga la flama de esta "antorcha de la revolución" como se llamaban entre sí estas incansables revolucionarias. Dolores, a diferencia de muchos de sus compañeros, no tuvo más herederos que sus versos perdidos en algunos diarios publicados entre tres épocas y en el recuerdo de sus colegas sobre su significativa colaboración en un plan político social tan apasionadamente compartido.
Su talento, su autonomía y su energía revolucionaria e intergeneracional, constituyen un hito en la historia de las mujeres mexicanas.
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(1) Historiadora y antropóloga, investigadora de El Colegio de San Luis, autora de varias publicaciones sobre historia de la educación de las mujeres. Correo electrónico: olopez@colsan.edu.mx
(2) Abogada e historiadora, tesista de la Maestría de Historia de El Colegio de San Luis con un estudio sobre la escuela de artes y oficios para mujeres.

   

(1852 - 1913)

José Guadalupe Posada nació el 2 de febrero de 1852, en el barrio de San Marcos de la ciudad de Aguascalientes. Su padre Germán Posada Serna -panadero-y su madre Petra Aguilar Portillo, procrearon 6 hijos: José María de la Concepción (1832), José Cirilo (1839), José Bárbaro (1843), José Guadalupe (1852), Ciriaco (1856), y María Porfiria (1858).

Después de aprender a leer y escribir con su hermano José Cirilo, Posada ingresó a la Academia Municipal de Dibujo de Aguascalientes.

Posteriormente, en 1868, entró como aprendiz en el taller litográfico de Trinidad Pedroza. Algunos de sus primeros trabajos –caricaturas de crítica política— fueron publicados en El Jicote , periódico de oposición al gobierno de Jesús Gómez Portugal. En 1872, Posada y Pedroza deciden instalarse en León, Guanajuato, donde ambos se dedicaron a la litografía comercial (estampas religiosas, cajetillas, etiquetas, invitaciones, bolos, tarjetas, esquelas, etc.). En León, Posada abrió su propio taller y trabajó como maestro de litografía en la Escuela de Instrucción Secundaria, hasta que en 1888 se trasladó a la ciudad de México, en donde aprende el oficio de técnicas de grabado en plomo y zinc. Aquí empezó a trabajar con Antonia Vanegas Arroyo, hasta que pudo establecer su propio taller litográfico.

A partir de entonces Posada emprendió un trabajo que le valió la aceptación y admiración popular, por su sentido del humor, propensión a lo dramático y calidad plástica. En su obra, amplia y variada, Posada retrató las creencias y formas de vida cotidiana de los grupos populares, criticando los abusos del gobierno y la explotación del pueblo. Además, ilustró las famosas “calaveras”, versos alusivos a la muerte que junto con sus demás ilustraciones, se distribuían en periódicos y hojas sueltas.

En la ciudad de Aguascalientes, anexo al templo del Encino, se encuentra el Museo José Guadalupe Posada en donde se expone permanentemente parte la obra de este artista. También se montan exposiciones temporales de otros artistas gráficos. Se cuenta además, con una biblioteca de aproximadamente 5,000 volúmenes.

Para saber más sobre la vida y obra de José Guadalupe Posada se pueden consultar, en el Archivo Histórico del Estado, las siguientes obras:

Jesús Gómez Serrano, José Guadalupe Posada. Testigo y crítico de su tiempo. Aguascalientes, 1867-1876 , México, México, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 1995.

José Antonio Murillo Reveles, José Guadalupe Posada , Secretaría de Educación Pública, México, 1963, 2 Tomos.

Antonio Robles, José Guadalupe Posada. Monografía , México, Secretaría de Educación Pública, 1969.

Alejandro Topete del Valle, José Guadalupe Posada. Prócer de la gráfica popular mexicana, México, Seminario de Cultura Mexicana, 2002.

   

(1889-1970)

Nació en el rancho del Clavelito. Realizó sus estudios de educación primaria y normal en la capital del Estado. Siendo estudiante con un grupo de jóvenes normalistas, participó en el movimiento armado de 1910. Se incorporo al movimiento revolucionario con el ejército constitucionalista

En 1925, fue director de Educación en el Estado de Michoacán de donde pasó a la primaria anexa de la escuela Nacional de Maestros, primero como profesor y después como director y maestro de nivel profesional.

Al iniciarse la educación secundaria, fue comisionado para elaborar el programa de Historia a la Patria. De mucho interés resulta este documento, entre sus finalidades señala la importancia de habituar a los alumnos a discernir y a juzgar aquellos hechos, personajes e ideas influyentes en la formación de nuestra vida social y política. En cuanto a los alumnos, éstos tendrían que elaborar trabajos y monografías, prendas e indumentarias, cartografía, álbum de contribución al folklore y organizar discusiones y conferencias.

En la segunda enseñanza se opina que hay cosas en el programa, por ejemplo: la obligación de hacer monografías sobre puntos tan claros como la influencia de la cultura indígena en la castellana. Se afirmaba en una de las críticas de prensa que el Programa de Historia Patria, elaborado por el maestro Nájera, siguió su curso, rindiendo buenos frutos.

En 1930 es nombrado jefe del Departamento de Misiones Culturales y Normal de Hecelchakan, y en el año de 1935 fue Director de la Escuela Nacional de Maestros.

Se jubiló el 1º de septiembre de 1949 y reingresó al servicio como Director General de Enseñanza Normal, cargo que desempeñó el 1º de noviembre de 1953 al 31 de marzo de 1957. Catedrático de Universidad nacional.

   

Destacado seguidor y líder del movimiento maderista en Aguascalientes. Nació en Saltillo, Coahuila en 1873. Fue comerciante, comisionista en bienes raíces, dueño de una agencia funeraria, político y escritor. Se desempeñó como gobernador del estado después de la caída del régimen porfirista.
Desde principios del siglo XX, Fuentes Dávila se destacó por su trayectoria oposicionista al gobierno de Porfirio Díaz. Fue seguidor de Bernardo Reyes y posteriormente de Francisco I. Madero, fundando diversos clubes antirreeleccionistas en el estado de Aguascalientes. Cuando estalló el movimiento armado de Madero se dirigió a Zacatecas, en donde trabajó hasta el 7 de febrero de 1911 armando gente y luchando. El 9 de febrero fue a la Ciudad de México, desempeñando difíciles comisiones durante 8 días. Ese mismo mes se dirigió a Texas y formó parte de la Junta Revolucionaria, junto con Abraham González, Venustiano Carranza, J. M. Maytorena y Francisco I Madero.

A la caída del régimen porfirista, en mayo de 1911, Fuentes fue nombrado gobernador provisional del estado de Aguascalientes por Francisco I. Madero. Durante su gestión como gobernador, Fuentes se caracterizó por tratar de limitar el poder de los hacendados y favorecer a las clases populares, publicando leyes y decretos para revaluar las propiedades rústicas y captar más fondos para el erario público.

Fuentes renunció a la gubernatura a raíz del golpe de Estado perpetrado por Victoriano Huerta, uniéndose a las fuerzas constitucionalistas dirigidas por Venustiano Carranza. A raíz del triunfo de Carranza, Fuentes regresó a Aguascalientes como gobernador en julio de 1914, haciendo mancuerna con David G. Berlanga, que se desempeñó como secretario de gobierno. Ambos expidieron leyes, decretos y disposiciones verdaderamente radicales, limitando el poder la iglesia e interviniendo propiedades de los enemigos de la revolución.

Durante la celebración de la Soberana Convención Revolucionaria, Fuentes Dávila formó parte de la Junta Neutral de Gobierno de Aguascalientes, hasta que en noviembre de 1914, las tropas revolucionarias abandonaron el estado. Al fracasar la convención, tanto Villa como Carranza invitaron a Fuentes a combatir en su bando. Sin embargo, el ex gobernador prefirió salir al destierro y regresó a México hasta 1920, después de la caída de Venustiano Carranza.  Durante este tiempo, sus negocios fueron embargados y su casa intervenida.  
Alberto Fuentes Dávila, falleció en Morelos, hacía el mes de mayo de 1953.

Fuente: Ramírez Hurtado, Luciano; Diccionario Biográfico e Histórico de la Revolución Mexicana en el Estado de Aguascalientes. Tesis para obtener el título de Licenciado en Historia, UNAM, 1990.    

   
 

Nació en Arteaga, estado de Coahuila, el 14 de julio de 1886. Se tituló como profesor en la Escuela Nacional de Maestros de la Ciudad de México, con especialidad en Psicología Aplicada a la Educación, realizando estudios en universidades de Alemania, Inglaterra y Francia.

Fue Director General de Educación Primaria de San Luis Potosí (de fines de 1911 a febrero de 1913); Jefe de Estado Mayor y Secretario Particular de la tropa comandada por el Coronel Alberto Fuentes Dávila en el ejército del Noreste (1913 – 1914); Secretario de Gobierno en Aguascalientes durante la segunda administración del gobernador Alberto Fuentes Dávila (julio – septiembre de 1914) y delegado de la Soberana Convención Revolucionaria de 1914 representando al gobernador de Aguascalientes.

Siendo director general de instrucción primaria en San Luis Potosí, Berlanga realizó una profunda transformación educativa, fomentando el mejoramiento en todos los niveles en materia de instrucción.

Entre julio y septiembre de 1914 colaboró como secretario de gobierno con el gobernador de Aguascalientes Alberto Fuentes. Durante ese tiempo pronunció discursos y conferencias, realizó actos anticlericales, publicó un periódico, elaboró un programa de gobierno a nivel nacional e inspiró al gobernador para que expidiera decretos y disposiciones verdaderamente radicales, siempre a favor del pueblo, tratando de favorecer a los obreros y trabajadores rurales. Su ideología y tendencia fueron socialistas.

Como delegado ante la Soberana Convención Revolucionaria, se caracterizó por su pensamiento independiente y radical. Votó porque se retirara a Carranza del poder y denunció los abusos y arbitrariedades cometidas por los caudillos.

Murió fusilado el 8 de diciembre de 1914 en la ciudad de México por órdenes de Francisco Villa.

Fuente: Ramírez Hurtado, Luciano; Diccionario Biográfico e Histórico de la Revolución Mexicana en el Estado de Aguascalientes. Tesis para obtener el título de Licenciado en Historia, UNAM, 1990.